Cotidianidad y virtualidad

Por: María Eugenia Herrera

Estela es una mujer, común y corriente, solo que ahora debe adaptarse a la virtualidad, y con ella, instalar en su mente una nueva manera de ver la vida. Ella en su celular debió descargar Meet, Facebook, Teams, Skype y manejar a la perfección el whatsap.

Como Estela, además es madre, debe aprender a controlar en sus hijos la adicción a la virtualidad, en ella también esta la esposa y la ama de casa que vio al internet convertirse en un integrante mas de la familia, con todas sus complicaciones y ventajas, a través de la nueva realidad virtual, Estela ha empezado a entender que con esta realidad no hay otra manera de convivir más que decidiéndose a enfrentarla, pues no es fácil aceptar que llegó para quedarse.

Estela, tiene solo un celular, sus hijos deben ver clases en la misma jornada y en grados distintos; las tareas que les dejan no dan espera, llega el corte del periodo académico, y serán prontamente calificadas; mientras tanto la virtualidad sigue presente, de noche y de día, a la hora de las comidas, cada día sin parar.

Estela agradece que por lo menos un plan de internet a través del celular puede pagar, invierte siete mil pesos cada ocho días, y puede obtener las ventajas de este nuevo miembro familiar en su hogar. La historia de Estela es solo una, en Colombia no todos tienen el acceso a internet que se requiere para convivir con la virtualidad; millones de niños siguen recibiendo clases a través de fotocopias, que les hacen llegar, en el campo colombiano, hay una historia sin igual, salones habitados por niños que no excedían los diez o quince en total por grado escolar, están totalmente abandonados,  los niños ya no juegan como antes en las viejas escuelitas, los salones poseen solo sombras y recuerdos, de lo que alguna vez fue la etapa escolar.

Una virtualidad que no da tregua, que corre al mismo paso que el tiempo, que penetra en la realidad de los hogares colombianos, la enemiga silenciosa del contacto directo, del juego tradicional de los niños y sus profes, a sus madres e hijos, porque sin pretenderlo, ahora es mas importante que no falten los siete mil pesos y la recarga de la batería para continuar. Lo cotidiano es lo virtual, la adaptación es la única salida, el esfuerzo propio porque ni mayor cobertura, ni gratuidad en el acceso a internet son soluciones que da el Estado. El Derecho a la educación de los hijos de Estela depende de si pueden ir por las fotocopias para estudiar desde su casa o pagar el internet para rifar quien será el que cada día podrá usar el tan anhelado celular. 

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